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Home ›Reseña de El marxismo en un siglo perdido: una biografía de Paul Mattick , de Garry Roth (Haymarket Books/serie «Historical Materialism»)
Resumen del Libro
Esta biografía de Paul Mattick, publicada en 2015, se describe a sí misma en la contraportada como una historia de la «izquierda radical» durante el siglo XX, un siglo que considera perdido para el marxismo.
Aunque recopila con precisión las experiencias de Mattick a lo largo de los disturbios revolucionarios alemanes que siguieron a la Primera Guerra Mundial, no se analiza el contexto general de estos acontecimientos ni se hace hincapié en la obra teórica posteriormente desarrollada por Mattick. Se trata de una omisión deliberada, y Garry Roth nos aconseja leer las propias publicaciones de Mattick para profundizar en estas cuestiones. Esto resta valor al libro y hace que algunos de los acontecimientos de su vida resulten más difíciles de comprender. Por esta razón, no se trata de la historia de la «izquierda radical» que se nos prometía. Roth se centra en tres tesis principales: la primera es la condición de Mattick como teórico obrero autodidacta: abandonó la escuela y entró como aprendiz a los 14 años. La segunda son sus dificultades para publicar su obra, cuyo ejemplo más flagrante es su libro Marx y Keynes, que terminó en 1953, pero que ninguna editorial quiso publicar hasta las convulsiones de finales de los años sesenta. ¡Finalmente se publicó en 1969! El tercer tema son sus contactos con figuras revolucionarias de la década de 1920, tanto en Alemania como en el resto de Europa, y sus intentos posteriores de colaborar con muchas de estas personas cuando se exiliaron en Estados Unidos. Hay una gran cantidad de detalles sobre su interacción con estas personas, incluidas citas de sus cartas, lo cual resulta interesante y no se encuentra en ningún otro sitio.
Durante la mayor parte de su vida, Mattick nadó a contracorriente de las tendencias políticas. El hecho de que defendiera que Rusia era un Estado capitalista y considerara que el capitalismo, en todas sus variantes, estaba condenado históricamente, y que lo expresara con tanta claridad en sus escritos, explica la enorme dificultad que tuvo para que se publicaran sus obras. No fue hasta finales de la década de 1960, cuando el ciclo de acumulación capitalista comenzó a derrumbarse, que sus obras encontraron editoriales y un público más amplio.
Mattick fue un analista del capitalismo claro y visiónario. Mientras el auge de la posguerra estaba en pleno apogeo, Mattick demostró que este se basaba en la destrucción y la devaluación del capital que tuvo lugar durante la guerra. Desmontó la teoría keynesiana de que la intervención estatal había resuelto la tendencia a la crisis del capitalismo, que él predijo que seguiría al período de reconstrucción, y así ocurrió de hecho. Hoy, a medida que se agrava la crisis del capitalismo, precisamente por las razones que Mattick expuso, sus obras siguen siendo relevantes. Además, las batallas que llevó a cabo no se han ganado. Los teóricos a los que ridiculizó por imaginar que el capitalismo había resuelto su tendencia a la crisis (como Sweezy, Baran, Marcuse y otros) cuentan hoy con seguidores, como la escuela de «Monthly Review» y teóricos marxistas académicos como David Harvey, que son influyentes y sus obras cuentan con un amplio público.
Resumen de su vida
Aunque el libro ofrece un relato completo de la vida de Mattick, para aquellos que prefieran una lectura rápida, ofrecemos un breve resumen de los acontecimientos más destacados.
Mattick tuvo un comienzo difícil en la vida. Sus padres, ambos poco alfabetizados, formaron parte de la migración masiva del campo a Berlín a principios del siglo XX. Vivían en un apartamento de dos habitaciones en Berlín, y se mantenían gracias al trabajo de su padre en Siemens (10 horas al día, 7 días a la semana) y a los ingresos de su madre como lavandera.
La educación formal de Mattick terminó en 1918, cuando tenía 14 años, y se convirtió en aprendiz en Siemens; de nuevo, 10 horas al día, 6 días a la semana. Su padre se había afiliado a un sindicato socialista y animó a su hijo Paul a unirse al grupo juvenil Socialdemócrata. En 1918, el Estado alemán se derrumbó tras el motín de Kiel y Mattick se vio sumido en la vorágine de la revolución. Los empleados simplemente abandonaban sus puestos de trabajo para asistir a manifestaciones y reuniones. Mattick fue elegido representante de los aprendices en el consejo de trabajadores y comenzó a escribir y distribuir un periódico juvenil, Junge Garde. Su grupo juvenil se alineó con la facción antiparlamentaria y antisindical del Partido Comunista Alemán (KPD) cuando fueron expulsados de éste en octubre de 1919.
Cuando se fundó el Partito Comunista Obrero (KAPD) tras el fracaso del golpe de Estado de Kapp, Mattick y su grupo juvenil se afiliaron en masa. ¡En aquel momento solo tenía 16 años! Empezó entonces a escribir para el periódico juvenil del KAPD, Rote Jugend. Su periodo de aprendizaje en Siemens terminó cuando lo pillaron expropiando (robando) a la empresa para financiar el periódico juvenil. Tuvo que huir de Berlín para evitar una condena de cárcel. Durante el período revolucionario asumió enormes riesgos: intentó robar armas durante el golpe de Kapp, lo cual le valió ser golpeado hasta quedar inconsciente por la policía; irrumpió en fábricas para intentar que los trabajadores se declararan en huelga durante la acción de marzo de 1921; planeó liberar al líder del KAPD, Jan Appel, que se encontraba encarcelado; y enterró armas para el grupo armado «los cientos proletarios».
Se desplazó por Alemania realizando trabajos ocasionales y se afilió al Sindicato General de Trabajadores (AAUD), donde llegó a ser delegado sindical. Fue detenido en Colonia y trasladado de nuevo a Berlín. Allí, un amigo al que había salvado la vida durante el golpe de Kapp le abrió las puertas a un mundo diferente. La madre de su amigo era crítica literaria y animó a Mattick a ampliar sus lecturas y a mejorar su escritura mediante la identificación de cuestiones y temas, además de a escribir él mismo de forma creativa. Comenzó a escribir para el periódico del KAPD, el Kommunistische Arbeiter Zeitung (KAZ), y para el del AAUD, el Kampfruf. Mattick regentaba un puesto de libros en Colonia que consistía en obtener libros de las editoriales a cuenta, venderlos y no pagarles nunca. Esto lo puso en contacto con el poeta expresionista Rheiner y su talentosa esposa Frieda, que también estaba inmersa en la escena artística radical de Colonia. Muchos de los artistas y miembros de la vanguardia formaban parte de la AAUE(1) (Unión General de Trabajadores — Organización de la Unidad) y animaban a Mattick en su escritura. A Mattick no le costaba moverse entre la AAUD y la AAUE; sin embargo, el encuentro con Rheiner cambiaría por completo su vida.
Rheiner falleció en 1925, dejando a su esposa Frieda ante la perspectiva de que sus dos hijos fueran puestos bajo tutela. Para evitarlo, Mattick se casó con Frieda, pero esto acabó con su vida revolucionaria itinerante. Ahora tenía una familia que mantener, lo que precipitó su traslado a Estados Unidos en 1926. Tras un primer empleo fabricando cartones de leche, se mudó a Chicago para trabajar como mecánico en Western Electric, donde permaneció hasta que fue despedido en 1931. Mattick no hablaba inglés adecuadamente, pero esto no supuso un problema inmediato debido al gran número de inmigrantes alemanes que había en Chicago y Nueva York (2). Siguió escribiendo para los periódicos alemanes KAZ y Kampfruf en Alemania y, más tarde, reactivó un periódico alemán de Chicago que había dejado de publicarse, el Chicagoer Arbeiter Zeitung (CAZ), lo que también le permitió escribir en alemán. Asimismo, publicó artículos en una revista semanal alemana, Der Freidenker, editada por la «Liga del Pensamiento Libre» de Estados Unidos. Esta revista tenía una tirada limitada, pero siguió publicando sus trabajos a lo largo de los años 30. Mattick no empezó a escribir en inglés hasta 1933.
En la política práctica, Mattick se sumó a las luchas de los desempleados de principios de los años 30, que, en Chicago, se caracterizaron por unas tácticas muy ingeniosas, bien descritas en el libro. Sin embargo, resulta interesante señalar que el movimiento se vio socavado por el New Deal de Roosevelt, que puso en práctica muchas de las reivindicaciones de las organizaciones de desempleados. La llegada al poder de los nazis en Alemania tuvo repercusiones en el panorama radical de EE. UU., ya que muchos de los conocidos izquierdistas y comunistas de izquierda que fueron expulsados del país acabaron en EE. UU. o en México (3). Muchos también acabaron en campos de concentración y se cerraron las publicaciones comunistas. Solo en 1933, 60 000 personas huyeron de Alemania. Grossman y Korsch (4) acabaron en Nueva York y, en 1935, la propia Escuela de Fráncfort se trasladó a Nueva York.
Tras ser despedido en 1931, Mattick intentó ganarse algo con sus escritos; sin embargo, el fracaso de estos intentos pone de manifiesto su aislamiento político. En varias ocasiones solicitó becas a la Fundación Guggenheim y a la Escuela de Fráncfort para publicar libros, pero ambas le denegaron la solicitud. Tanto Grossman como Korsch recibieron becas de la Escuela de Fráncfort y apoyaron la propuesta de Mattick, pero la escuela no solo rechazó la beca, sino que también se negó a publicar nada de Mattick, ni siquiera una reseña de su obra. Al parecer, la escuela se mostró extremadamente cobarde tras su traslado a Nueva York y sus publicaciones se abstuvieron de publicar cualquier cosa que incluyera las palabras «marxismo» o «comunismo» (5). Finalmente, aisló tanto a Grossman como a Korsch.
Mattick ayudó a fundar el Partido Unido de los Trabajadores y, en 1934, lanzó su revista International Council Correspondence (ICC). La publicación se caracterizaba por su alto nivel teórico, con colaboraciones de Canne Meijer (6) —un consejista neerlandés responsable de la publicación neerlandesa Ratekorrespondenz—, Korsch, Pannekoek y otros. La falta de fondos hizo que se tratara de una publicación mimeografiada y que nunca pudiera superar los 1.000 ejemplares. En 1937, Korsch, que acababa de llegar a Estados Unidos, asumió un papel activo en la ICC y su energía y sus contactos marcaron la diferencia. Al año siguiente, se cambió el nombre por el de Living Marxism y pasó a ser una revista impresa. La ICC y Living Marxism se convirtieron en los principales medios de difusión de Mattick en inglés durante los años treinta.
Mattick no ganó prácticamente nada con sus escritos hasta finales de los años 60. Durante los años 30 sobrevivió gracias a las ayudas sociales y a los ingresos de Frieda, pero en 1939 se separó de ella y se vio obligado a volver a trabajar. Primero trabajó en una librería y, luego, en 1942, volvió a trabajar en una fábrica. Empezó una relación con una emigrada alemana, Ilse Hamm, que había trabajado sacando de contrabando a niños judíos de Alemania antes de huir ella misma en 1938. Su hijo, Paul Mattick Jr., nació en 1944. La guerra provocó el cierre de publicaciones o una reducción drástica de su circulación. Los años 50 trajeron consigo la reconstrucción del capitalismo y el auge de la posguerra, lo que hizo aún más difícil para Mattick conseguir que se publicaran sus obras. Como él mismo comentó: «Estar en contra del statu quo, tanto en el Este como en el Oeste, cierra casi todas las vías de publicación para el trabajo de uno» (7). Sin embargo, siguió oponiéndose a los intentos de la época por revisar el marxismo para tener en cuenta la floreciente economía estadounidense. Preparó un folleto en el que criticaba Monopoly Capitalism (Capitalismo monopolista), de Sweezy, y llegó a la conclusión de que este había descartado por completo el marxismo.
“Sweezy piensa, al igual que Marcuse, que el capitalismo ha superado sus tendencias a la crisis y que ahora se caracteriza por una sobreabundancia de capacidad productiva. Se está tomando en serio el disparate de la sociedad de la opulencia, cuando en realidad se trata de un campamento armado y de asesinatos a todos lados.”
Como se ha mencionado anteriormente, el colapso del auge de la posguerra y la radicalización que siguió a las luchas francesas de 1968 supusieron un cambio radical para Mattick. En Alemania, el movimiento estudiantil lo descubrió y, entre 1969 y 1971, se publicaron allí tres libros, varios folletos, ensayos y otros trabajos. Marx y Keynes despertó un enorme interés. Media docena de editoriales querían publicar su obra, y el propio Mattick visitaba Europa, impartía conferencias y se reunía con la generación de radicales surgida del levantamiento del 68. A lo largo de los años 70 se publicaron y tradujeron más de sus obras. Se organizaron giras de conferencias y debates en Europa. A Mattick incluso le ofrecieron un puesto de profesor en una nueva universidad danesa, lo que supuso su traslado a Dinamarca. En Estados Unidos su obra tuvo una acogida menor, aunque impartió varias charlas a estudiantes de diversas universidades y realizó una gira de conferencias por México. A finales de los setenta su salud comenzó a deteriorarse y falleció en 1981.
Teórico autodidacta
Cuando Mattick llegó a Estados Unidos, comenzó, por primera vez, a leer de forma sistemática, estudiando El capital de Marx y obras de Rosa Luxemburg, Nikolái Bujarin y, más tarde, Henryk Grossman. Asistió y organizó círculos de debate marxistas y siguió escribiendo para las revistas que aceptaban sus trabajos. El libro de Grossman La ley de la acumulación y el colapso del sistema capitalista tuvo una influencia fundamental en Mattick. La obra fue rechazada de forma generalizada en los círculos marxistas, donde la opinión predominante era que el capitalismo adolecía de una crisis de subconsumo, tal y como había teorizado Luxemburg. Mattick, sin embargo, escribió una reseña positiva del libro en CAZ, lo que supuso el inicio de una correspondencia entre él y Grossman. Cuando impartió una conferencia en la Universidad de Roskilde, en Dinamarca, uno de sus alumnos comentó que era capaz de explicar los tres volúmenes de El capital en 90 minutos. El propio Mattick no podía creer que ahora le pagaran por hablar de las ideas que más le importaban.
Mattick: un comunista de consejo
Hoy en día consideramos que los escritos económicos de Mattick constituyen la parte más importante de su obra. Sus análisis económicos siguen siendo esenciales para comprender el estado actual del capitalismo mundial (8). Sin embargo, sus escritos políticos también son muy agudos. En general, su análisis es excelente y gran parte del mismo se ha incorporado al programa de la TCI y de otras organizaciones de la izquierda comunistas . El punto débil que criticamos es su rechazo a la necesidad de los partidos políticos y la creencia de que las condiciones capitalistas, por sí solas, obligarán a la clase obrera a formar consejos obreros que, a su vez, derrocarán el capitalismo y construirán el comunismo. En su ensayo sobre el comunismo de consejos escribe:
“La acción espontánea de las masas insatisfechas creará, en el transcurso de su rebelión, sus propias organizaciones, y solo estas organizaciones, surgidas de las condiciones sociales, podrán poner fin al actual orden social. … Como marco organizativo para la nueva sociedad se propone una organización en forma de consejos basada en la industria y el proceso productivo, así como la adopción de la jornada laboral media social como medida para la producción, la reproducción y la distribución.(9)”
Aunque estamos de acuerdo con la segunda parte de esta afirmación, es con la primera parte con la que discrepamos.
Las propias experiencias de Mattick durante el período revolucionario alemán de 1918 a 1923 y el posterior declive del movimiento revolucionario, a medida que el capitalismo se estabilizaba en Alemania y en Rusia, determinaron claramente este punto de vista. Los consejos obreros, formados en 1918, cedieron su poder a la democracia burguesa y a un parlamento burgués, en lugar de luchar por «todo el poder a los consejos». Esta capitulación conduce, en sus escritos de madurez, a una amarga crítica de la socialdemocracia y del llamado movimiento obrero que moldeó la conciencia de los consejos. La socialdemocracia se volvió indistinguible de la burguesía y ahogó en sangre los esfuerzos revolucionarios de los trabajadores. Tras el Segundo Congreso de la Comintern, esta crítica se extiende también a la propia Comintern, principalmente debido a su exigencia de participación en el parlamento y en los sindicatos. Mattick vio en ello una exigencia de acomodación con el capitalismo y consideró el folleto de Lenin «El comunismo de “izquierda”: una enfermedad infantil» como un intento de destruir el comunismo de izquierda. Como escribió Gorter(10) sobre los bolcheviques:
“…su verdadera culpa… es haber impuesto al proletariado mundial un programa y unas tácticas contrarrevolucionarias, y haber rechazado el programa verdaderamente revolucionario que podría habernos salvado.(11)”
Pero la cuestión de la conciencia política es una a la que Mattick no responde adecuadamente. ¿Por qué los consejos alemanes estaban impregnados de la ideología de la socialdemocracia? ¿Acaso las condiciones sociales no eran lo suficientemente duras? Las condiciones en Alemania al final de la guerra eran extremadamente duras: racionamiento, falta de combustible, etc. El propio Mattick, de joven, salía por la noche a robar verduras y carbón para evitar que su familia muriera de hambre, y sus acciones posteriores, que casi le costaron la vida, demuestran que pensaba que la revolución aún era posible, al menos hasta 1921. Sin embargo, en sus escritos posteriores da por sentado que el empobrecimiento de los trabajadores generará la conciencia necesaria para la revolución. Pero toda su trayectoria vital, no solo el heroico período revolucionario en Alemania, puede considerarse una contradicción de esto.
Por un lado, presenta una visión mecánica de la conciencia de clase, según la cual esta viene determinada directamente por las condiciones materiales, tal y como se aprecia en la cita anterior. La agudización de la crisis económica del capitalismo provocará un cambio en la conciencia de los trabajadores. Las condiciones se deteriorarán hasta tal punto que los trabajadores no podrán vivir como antes, lo que conducirá a la formación de consejos obreros. Estos consejos reivindicarían las demandas de la clase obrera, que entrarían en conflicto directo con los intereses del capital. De ahí que se produciría un conflicto directo con el poder burgués que conduciría al derrocamiento del capitalismo por parte de los consejos y a la instauración del comunismo por parte de estos. Por otro lado, la obra de toda la vida de Mattick es una refutación de este escenario. Aunque considera que los partidos políticos son innecesarios para la generación de la conciencia revolucionaria, dedicó toda su vida a entrar y salir de organizaciones políticas, a intervenir en mítines públicos y a organizar grupos de estudio marxistas, a fundar revistas políticas y a escribir análisis políticos o económicos, folletos y libros. Todo ello, que no le reportaba prácticamente ningún ingreso, tenía como objetivo directo influir en la conciencia de la clase obrera. En 1929, Mattick incluso intentó propiciar la cooperación entre la IWW, el KAPD y la AAUD, actuando como mediador en las conversaciones. Se trata de un intento de crear una organización internacional más fuerte para influir en los acontecimientos sociales, lo que va en contra de una visión mecánica del desarrollo de la conciencia de clase.
Las condiciones terribles por sí solas no conducen a la revolución. El problema fundamental en Alemania fue que los comunistas no lograron hacerse oír en los consejos, y esto se debió a que no constituían una fuerza política organizada independiente de los socialdemócratas. Siguieron formando parte de las filas de los socialdemócratas hasta un par de semanas antes de la revuelta de Espartaco de enero de 1919, y los trabajadores no podían distinguir su postura política de la de los socialdemócratas.(12)
El desarrollo de la conciencia es un proceso dialéctico. Como sostiene Mattick, está influido principalmente por las condiciones materiales, pero la comprensión y la reflexión sobre esas condiciones en el contexto de los factores sociales e históricos constituyen la influencia subjetiva en el desarrollo de la conciencia. Los factores objetivos, junto con los subjetivos, conducen a la conciencia revolucionaria y a la acción revolucionaria. La comprensión social e histórica de la evolución material del capitalismo debe ser colectiva y, en nuestra opinión, se expresa en una organización política que actúa sobre la base de un programa para intervenir en la lucha de clases y difundir sus ideas. Esto es lo que faltaba en Alemania. Resulta contradictorio que fuera precisamente este factor subjetivo el que Mattick se pasara toda su vida intentando influir, a pesar de que él, como comunista de consejo, intentara restarle importancia.
CP
Notas y bibliografía
(1) El principal fundador de la AAUE fue Otto Rühle. Muchos de sus textos se publicaron en la revista de vanguardia Der Aktion. El propio Mattick publicó en esta revista un relato ficticio sobre la «bolchevización» del KPD alemán.
(2) En aquella época había medio millón de personas de hablantes de alemán en Chicago.
(3) Otto Rühle acabó en México, pero siguió proporcionando a Mattick trabajos para su publicación.
(4) Korsch fue el autor de «Marxismo y filosofía». Huyó a Inglaterra tras la llegada al poder de los nazis, pero fue expulsado y se trasladó primero a Suecia y luego a EE. UU.
(5) La escuela se sentía inquieta por su condición de exiliados, su marxismo y su identidad judía. Por ejemplo, Theodor Wiesengrund cambió su nombre por el de Theodor Adorno.
(6) Canne Meijer ayudó a fundar la versión neerlandesa del KAPD. Inicialmente se formó como maquinista, pero más tarde se convirtió en maestro de primaria.
(7) La revista británica New Left Review también se negó a publicar los trabajos de Mattick cuando Perry Anderson era su editor, porque eran demasiado críticos con la Unión Soviética.
(8) Hoy en día, varios economistas marxistas académicos, como Fred Moseley y Guglielmo Carchedi, reconocen su deuda con Mattick. Véanse nuestras reseñas de Money and Totality, de Moseley, y Behind the Crisis: Marx’s Dialectic of Value and Knowledge, de Carchedi.
(9) Mattick, «Council Communism», en Anti-Bolshevik Communism.
(10) Gorter escribió una carta abierta a Lenin en respuesta a El comunismo «de izquierda»: una enfermedad infantil.
(11) Citado en El comunismo mundial.
(12) Cien años después: lecciones de la revolución alemana
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