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¿La clase obrera es derechista?

En los años 80 y los 90 estaba de moda decir que la clase obrera ya no existía. Quedaron solamente los remanentes pasados y estaban en rápido declive, el legado final a una era pasada.

Este proceso comenzó a mediados de los años 70 con la reestructuración en las fábricas, con la reducción progresiva e inexorable de trabajos bajo la presión implacable de la crisis. La innovación tecnológica – la tecnología de microprocesador y de la información – aceleró aún más el fenómeno, permitiendo la reubicación de la fuerza de trabajo en áreas donde cuesta mucho menos y ni siquiera hay una pretensión de limitaciones en la dictadura de los jefes. Cada día los medios de comunicación y "formadores de opinión" predicaban, con un celo religioso inspirado directamente por su Dios, el mercado, la nueva "verdad", una verdad (discutible) que implica que el conflicto entre trabajadores y empleadores – en definitiva, la lucha de clases – era algo viejo que, quizás, podía haber tenido algún significado en el siglo XIX, pero ciertamente no en el siglo XX y menos aún en el nuevo milenio. La clase "trabajadora", tanto en el sentido estricto de los trabajadores de "cuello azul", así como en sectores de empleo que crecieron considerablemente en la segunda mitad del siglo pasado, ha sido puesta, por los sociólogos, las antes mencionadas "formadores de opinión" y, no menos importante, los políticos, en la categoría abarcadora y tranquilizadora (para los ideólogos burgueses) de la llamada clase media. Una categoría sociológica, que al tratar de incluir todo, no dice nada. Su criterio unificador pone puestos de trabajo e ingresos muy diferentes en la misma categoría basada únicamente en "la seguridad laboral" y un sueldo o salario por encima del umbral de la pobreza. Era, de hecho, es, claro que este concepto de clase media incluye, si no la mayoría, sin duda una gran proporción de los trabajadores de "cuello azul" y los empleados en el sector de servicio que si pueden (o podían) contar con un mayor nivel de vida que las capas inferiores de la clase trabajadora (desde el punto de vista de ingresos), sólo pueden ser colocados objetivamente en la "clase media "con gran dificultad, dado el tipo de trabajo que hacen y los ingresos que obtienen.

Como cualquier mito digno, contiene un grano de verdad, pero cuando es distorsionado por los fabricantes de opinión capitalista y mezclado, por si acaso, con dosis de invención total, se convierte en pura "basura".

Hoy, después de la elección de Trump y el incuestionable avance electoral de la derecha fascista en Europa (como Italia), hay un fuerte sentimiento de que la burguesía está construyendo otro mito, aunque, por desgracia, ciertamente está más cerca de la realidad que el primero.

¿Qué nos dicen los "expertos" de todas las tendencias, desde los periódicos y cadenas de televisión importantes, sitios web y muchísimos blogs en la red? Que el proletariado elige tal derecha populista de origen Nazi-fascista, más o menos actualizada para el tercer milenio, sobre todo la antigua clase obrera "sólida", duramente golpeada por la llamada globalización y profundamente preocupada por el futuro. Este descontento social tiene su raíz principal en las olas de la inmigración [1]. Los migrantes son vistos como aquellos que toman una parte demasiado grande del "estado de bienestar" (salud, vivienda, beneficios e incluso subsidios directos), aquellos con quienes tienes que compartir las migajas cada vez más débiles de un sistema de bienestar, financiado por deducciones de la nómina e impuestos. Que existe el fenómeno está fuera de toda duda y no es necesario analizar los resultados de las elecciones: escuchar hablar a compañeros de trabajo, cuando estás en la sala de espera del médico, en la cola del supermercado o en cualquier otro lugar público. No es infrecuente oír a alguien hablar de los estereotipos inexactos familiares sobre la supuesta porción privilegiada de migrantes, el peligro que traen, el carácter de ladrones de la clase política (esto es, sin duda, cierto...), sin la cual, y con la dirección de "representantes auténticos" del pueblo la situación sería bien arreglada, la crisis pasaría y volvería un futuro optimista, aunque no antes de dar la justicia sumaria a los políticos parasíticos. Obviamente se trata de un "análisis" carente de una visión de clase, o aparece, si aparece en lo más mínimo – de una forma muy distorsionada, formada por las toxinas de la ideología burguesa en su forma más burda, inhalado en un ambiente aún más tóxico por la falta de un punto de referencia político y anticapitalista.

Las vagas referencias a alguna especie de anticapitalismo enojado, en sí más que legítimas – por sectores crecientes del proletariado, se han restablecido y reformado en las formas tradicionales de la derecha fascista, que, por supuesto, cuando y sí alcanza el poder, se asegurará de poner en práctica esas medidas pregonadas en la campaña para la protección del "pueblo" o las clases sociales más bajas. Aunque. a la vez, seguirán golpeándolos incluso más duro que antes, como exigen los verdaderos gobernantes del capitalismo, la burguesía. Los políticos no solo son parte, o están en el proceso de formar parte, de la burguesía, sino pertenecen a sus capas superiores. Sin las herramientas de análisis marxista sería imposible comprender por qué algunos de los que están más afectados por las políticas despiadadas aplicadas en todo el mundo para contrarrestar la crisis, "eligen" como sus representantes a multimillonarios del tipo Berlusca o Trump, confían su enojo "antisistema" a personajes como Salvini, que nunca han hecho una jornada de trabajo real en sus vidas , nunca han tenido que pensar en cómo ganarse al final del mes, sino que pasan su existencia descansando su culo en este o aquel sillón institucional cómodo (concejales, o miembros de los parlamentos nacionales o europeos): personas quienes, en definitiva, forman parte del sistema.

Un número cada vez mayor del proletariado y de la pequeña burguesía empobrecida ha pasado por un proceso que tiende a reducirlos a meros "plebeyos" [2]. Es, como hemos dicho anteriormente, un hecho, confirmado por el avance de formaciones fascistas electorales incluso en los antiguos baluartes "rojos" [3] de las ciudades europeas. Sin embargo, junto a este fenómeno, hay otro, generalmente mucho menos enfatizada por los medios de comunicación. Es, simplemente, el crecimiento de la abstención de un lado del Atlántico al otro. Esto es cierto tanto para las elecciones presidenciales de Estados Unidos como, sólo para poner un ejemplo local, Monfalcone. Las elecciones municipales de principios de noviembre tuvieron lugar en esta ciudad donde no solo los "indígenas" sino también los trabajadores inmigrantes son numerosos. La tasa de abstención era cerca de cincuenta por ciento, lo que permite que el Consejo sea dominada por la lista de partidos de derecha: parece probable que, de hecho, por lo menos una parte significativa del electorado de clase obrera, que previamente apoyó la "izquierda", con razón decepcionada por sus "representantes" antiguos, los abandonara, al negarse a participar en el juego electoral fraudulento. Examinar los datos en las elecciones presidenciales de Estados Unidos muestra más o menos lo mismo: el abstencionismo "popular" fue principalmente de la "izquierda", así mayormente de la clase obrera, para castigar a una candidata, Clinton, que siempre ha estado de forma inequívoca y con una cierta arrogancia, en el lado de la infame "1%" [4].

El asco para la sociedad capitalista, aunque expresado de forma confusa y contradictoria, tiene un gran potencial para la vanguardia comunista y es un factor incómodo para los capitalistas. Como siempre están tratando de frenar el creciente descontento social con las armas de distracción masiva, con información falsa, para desactivar temas - por el momento solamente potencialmente explosivos– pero que están aumentado.

La abstención es un primer paso necesario pero insuficiente; Si el voto es inútil, no votar no es suficiente, porque el sistema burgués no solamente no es molestado en lo más mínimo por una participación menor, sino incluso puede aprovechar de ello. Si la censura de nuestra decepción e ira no se convierte en la acción práctica de las masas, sobre una base obrera y anticapitalista, la única manera de ser verdaderamente antisistema – ya sea en el lugar de trabajo o lugares de trabajo (para aquellos con trabajos "intermitentes"), en las calles, en las escuelas, nada va a cambiar. De hecho, la clase capitalista y sus expresiones políticas (se llaman la Unión Europea, frentes nacionales y así sucesivamente) pueden continuar tranquilamente y echarnos – el proletariado – en la picadora de carne para alimentar un sistema que puede sobrevivir solamente por destrozarnos. Todos los otros caminos, ya sean "democráticos" o "nacional-populistas", son sólo un engaño feo, trágico.

CB

Traduccion: Ant 10 enero 2017

Notas

[1] no importa si verdaderas, supuestas o exageradas, podemos añadir.

[2] la referencia es a la clase baja de la antigua Roma, que constituía la mayoría de la población. Sobrevivió, en una aburrida indiferencia política, gracias a las donaciones de pan gratuito otorgado por el emperador, distraído con las actuaciones igualmente gratis en el circo. También fue utilizada por el estado como una herramienta para prevenir el desarrollo de la conciencia contra el régimen y así controlar una masa potencialmente peligrosa, pero prestados totalmente secundario en el sistema de dominación existente. La masa de la plebe fue manipulada por este o aquel líder político (naturalmente rico) en la última fase de la República. Nunca jugó un papel político independiente y, al final, simpatizaba con sus gobernantes en la derrota y la opresión de esclavos y las poblaciones que pagaban tributo al estado romano.

[3] "rojo" en el sentido de ser dirigido por partidos del tipo socialdemócrata y estalinista del pasado.

[4] ver el artículo publicado en este sitio tras la elección de Trump. leftcom.org

Miércoles, 07 de diciembre de 2016

Tuesday, January 10, 2017