Platforma de la Tendencia Comunista Internacionalista (2020)

Sobre nosotros

La Tendencia Comunista Internacionalista comenzó como el Buró Internacional para el Partido Revolucionario en 1983. Sin embargo, sus raíces políticas se remontan mucho más allá. Nos vemos como un producto de la lucha revolucionaria de la clase obrera a lo largo de la historia capitalista. Como tal, nos basamos en las lecciones aprendidas no sólo por Marx y Engels en el período de la Primera Internacional y la Comuna, sino también por los elementos revolucionarios en la Social Democracia antes de la Primera Guerra Mundial. Después de la guerra, el Partido Comunista de Italia fue fundado por nuestros antepasados políticos directos que luego vieron su liderazgo arrebatado por la Internacional Comunista (Comintern) en degeneración, bajo la "Bolchevización" en la década de 1920. La Izquierda Comunista intentó luchar en el Comité de Intesa (1925) y más tarde en las cárceles del fascismo y las fábricas de Francia y Bélgica. Estos camaradas fundaron el Partido Comunista Internacionalista en Italia en 1943. Este fue el único partido formado en este momento que se basó inequívocamente en la oposición a ambos frentes imperialistas en la Segunda Guerra Mundial el enfoque político fundamental de la Tendencia Comunista Internacionalista se basa en su Plataforma de 1952.

Nuestra tendencia nació como resultado de una iniciativa conjunta del Partito Comunista Internazionalista (P.C. Int.) en Italia y de la Communist Workers Organisation (CWO) en Gran Bretaña. Había dos razones fundamentales para tal iniciativa. La primera era dar una forma organizativa a una tendencia ya existente al interior del campo político proletario. Esta había emergido de las Conferencias Internacionales convocadas por Battaglia Comunista entre los años 1977 y 1981. Las bases de adhesión a la última de tales conferencias eran los siete puntos por los cuales la CWO y el P.C.Int. habían votado en la Tercera Conferencia:

  1. La aceptación de la Revolución de Octubre como proletaria.
  2. El reconocimiento de la ruptura con la socialdemocracia operada desde el Primero y el Segundo Congreso de la Internacional Comunista.
  3. El rechazo sin reservas del capitalismo de Estado y de la autogestión.
  4. El rechazo de cualquier línea política que supedite el proletariado a la burguesía nacional.
  5. El reconocimiento de los partidos socialistas y comunistas como partidos burgueses.
  6. Una orientación de la organización de los revolucionarios basado en la metodología marxista
  7. La aceptación de los principios según los cuales las reuniones internacionales son un aspecto del trabajo de discusión entre los grupos revolucionarios para coordinar su intervención política activa hacia la clase en sus luchas, con el objetivo de contribuir activamente al proceso que conducirá al Partido Internacional del proletariado, el órgano político indispensable para la dirección política del movimiento de clase revolucionario y el mismo poder proletario.

La segunda razón era para funcionar como punto de referencia para las organizaciones e individuos que que entraban en la escena internacional en el momento en el cual la profundización de la crisis del capitalismo provocaba una respuesta política. En realidad, las décadas transcurridas desde el establecimiento de nuestra tendencia apenas han sido un período de reactivación masiva en la lucha de clases. Por el contrario, la respuesta de los trabajadores a los crecientes ataques del capital se ha limitado, en general, a conflictos seccionales, aun si son militantes (como la huelga de los mineros ingleses de 1984-85 y la lucha de los trabajadores portuarios españoles en 1984), y de este modo, al capital internacional le han sido concedidos importantes momentos de tregua para llevar adelante las reestructuraciones que han costado millones de puestos de trabajo, medidas de austeridad siempre crecientes y el empeoramiento de las condiciones de trabajo y de venta de la fuerza de trabajo.

No hay, por tanto, causa para sorprenderse que los años ochenta no vieron muchos nuevos camaradas en nuestras filas. Muchos que se acercaron luego desaparecieron, abrumados por el aislamiento político. Sin embargo, a pesar de la situación objetiva desfavorable y nuestras fuerzas modestas, la TCI se ha consolidado organizativamente.

Hoy la TCI existe como una tendencia específica e identificable hacia el futuro Partido revolucionario, dentro del campo proletario más amplio. Brevemente, este último puede definirse como aquellos que defienden la independencia de la clase trabajadora del capital; que no tienen nada que ver con el nacionalismo en ninguna de sus formas; que no vio nada socialista en el estalinismo y en la antigua URSS, al mismo tiempo que reconocen que octubre de 1917 fue el punto de partida de lo que podría haberse convertido en una revolución mundial más amplia. Entre las organizaciones que caen dentro de este amplio marco, existen diferencias políticas significativas, sobre todo sobre la cuestión desconcertada de la naturaleza y función de la organización revolucionaria. El marco de referencia de la TCI es el siguiente:

  1. La revolución proletaria o será internacional o no conducirá a nada. La revolución internacional presupone la existencia de un Partido revolucionario, la expresión política concreta de la parte más consciente de la clase obrera para difundir el programa revolucionario en el seno de la parte restante de la clase. La historia ha mostrado cómo las tentativas de organizar el Partido durante la revolución misma se han revelado tardías e inadecuadas.
  2. La TCI apunta, así, a la formación de un partido comunista mundial en el momento mismo en cual existan el programa político y las fuerzas suficientes para su constitución. Sin embargo, la TCI lucha por el Partido y no intenta ser el único núcleo originario del mismo: el Partido del futuro no será, en efecto, el simple fruto del crecimiento de una sola organización.
  3. Antes de que el Partido revolucionario sea constituido, todos los detalles de su programa político deberán ser clarificados a través de discusiones y debates entre las partes que van a constituirlo.
  4. Las organizaciones que van a constituir el partido deben ya tener una mínima presencia al interior del proletariado de su región de procedencia. La proclamación del partido revolucionario y de sus núcleos iniciales sólo sobre la base de la existencia de pequeños grupos de activistas no representaría un gran paso adelante para el movimiento revolucionario.
  5. Una organización revolucionaria tiene que esforzarse para ser más que una red de propaganda. A pesar de las oportunidades limitadas, la tarea de las organizaciones proletarias actuales es conseguir radicarse en el seno de la clase obrera como una fuerza revolucionaria; esto para encontrarse en una posición que le permita indicar la dirección que debe tomar la lucha de clases hoy y organizar y guiar la revolución mañana.
  6. La lección de la última onda revolucionaria no es que la clase pueda pasársela sin una dirección organizada, ni que el Partido mismo sea la clase (según las abstracciones metafísicas de los Bordiguistas actuales), sino sobre todo que el liderazgo y su forma organizacional (el internacional) es el arma más potente de la cual se puede dotar la clase obrera. Su objetivo consistirá en combatir por una perspectiva socialista dentro de los organismos de masa del poder proletario (soviets). Sin embargo, el Partido seguirá siendo una minoría al interior de la clase obrera y no podrá ser su sustituto. El objetivo de construir el socialismo es, efectivamente, propio de toda la clase en su conjunto y es un papel que no puede ser delegado, ni siquiera a la vanguardia consciente de clase.

Platforma de la Tendencia Comunista Internacionalista (2020)

Prefacio

Vivimos tiempos peligrosos. Se nota una enorme desproporción entre, de una parte, la dureza de la crisis económica actual y la consiguiente amenaza de estallido de una guerra imperialista y, de otra parte, la falta de movilización por parte del proletariado. El dominio del capital sobre la producción y la distribución ha llegado a someter también todo tipo de relación social y política. Por medio de los partidos democráticos y de los sindicatos, la ideología burguesa ha penetrado profundamente en la clase obrera. Toda tentativa de resistir los efectos de la crisis por parte del proletariado es sofocada al nacer.

Las huelgas que se han ocurrido, y que a veces han abarcado enteros sectores de la producción nacional, no se han extendido porque todo sentido de unidad y de solidaridad de clase ha sido suprimido por el nacionalismo, por la idea de cambiar las cosas en una compañía a la vez, por el individualismo o bien por todas aquellas formas de la ideología dominante que la izquierda de la burguesía ha conseguido difundir entre los trabajadores. El dominio de la burguesía sobre la clase obrera mediante los sindicatos y los Partidos de la izquierda burguesa es la manifestación concreta de lo que Marx llamaba "la reificación de las relaciones sociales". Cualquiera que haya sido su origen, éstos no son ahora más que instrumentos del totalitarismo del capital. Hay que enfrentarlos como tal, tanto sobre el plano político como organizativo, y no solo denunciarlos.

A pesar de los indudables éxitos de la burguesía en la contención de la lucha de clases, persisten sus contradicciones, en primer lugar, en el crecimiento de la composición económico del capital y la consiguiente tendencia de la tasa de ganancia a caer. Nosotros los marxistas sabemos que estas contradicciones no pueden contenerse eternamente. Sin embargo, su explosión no desembocará necesariamente en una victoria revolucionaria. En la época imperialista, la guerra global representa para el capitalismo una manera de “controlar”, de resolver temporalmente, sus contradicciones.

Empero, antes de que esto suceda, es posible que el dominio político e ideológico de la burguesía sobre la clase obrera pueda romperse. O sea, es posible que de improviso ocurren ondas de lucha de clase en escala grande y los revolucionarios deberán estar preparados. Cuando la clase obrera retome la iniciativa y comience a usar su fuerza colectiva contra los ataques del capital, las organizaciones políticas revolucionarias deben encontrarse, en posición para guiar las luchas políticas y organizacionales necesarias contra las fuerzas de la izquierda burguesa.

Toda sucesiva onda de lucha será un ulterior paso en preparación de la revolución sólo a condición de que el programa y la organización revolucionaria salgan cada vez más reforzadas, lo cual puede darse únicamente si por medio de las luchas mismas el programa revolucionario (y la organización que lo defiende) está en situación de radicarse cada vez más profundamente dentro de la clase obrera. Esto se muestra por la experiencia histórica de la clase obrera

La revolución rusa de 1905 fue una preparación para los acontecimientos de 1917 en el sentido de que el programa revolucionario que llevó después a la revolución de 1917 emergió reforzado de las batallas anteriores. Hoy no hay garantías de que haya un episodio similar de conflicto generalizado e insurreccional que, pese a que la clase resulte derrotada en lo inmediato, se registre un fortalecimiento de las fuerzas revolucionarias. Una cosa que, sin embargo, es cierta y es que, si ocurriese un tal movimiento de clase sin que, las ideas revolucionarias adoptaran una forma política y organizativa sustancial dentro de la clase trabajadora en su conjunto, cualquier derrota asumiría proporciones históricas. Es la tarea de la organización revolucionaria volver al proletariado las lecciones de sus mismas experiencias históricas de manera tal que éstas constituyan una fuerza material e la emancipación de nuestra clase.

El capitalismo

Al igual que en toda sociedad de clases, el modo de producción capitalista sufre por el contraste entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. En el régimen capitalista, la fuerza de trabajo asume la forma de mercancía vendida por sus poseedores (los proletarios) a cambio de un salario equivalente al valor de los bienes y servicios necesarios para mantener su existencia y la reproducción de la fuerza de trabajo misma. En términos de clase, esto se expresa por el contraste entre la burguesía, (los que poseen el capital y controlan los medios de producción), y el proletariado (los que ejercitan su fuerza de trabajo sobre aquellos medios). Aparte de “la abundancia de la naturaleza”, el trabajo es la fuente de toda riqueza. Sólo el trabajo puede transformar los materiales en bruto en mercancías. Todas las mercancías tienen un valor de uso y un valor de cambio. Los capitalistas sólo están interesados en el primero en la medida en que les permite vender las mercancías para adquirir el segundo. Es el valor de cambio capitalizado, representado por el plusvalor producido por la fuerza de trabajo de los trabajadores, que es la fuente de las ganancias del capitalismo. El intento del capital de obtener cada vez más plusvalor de la fuerza de trabajo es la base de la lucha de clases entre burguesa y proletaria, entre el capitalismo y la clase trabajadora. Esto no es menos cierto hoy en día, en la llamada sociedad post-industrial cuando los portavoces capitalistas nos dicen que la clase trabajadora ha desaparecido, que en el siglo XIX, cuando una nueva raza de economistas capitalistas negó que el poder laboral fuera la fuente de valor. Las contradicciones fundamentales de clase subsisten, independientemente de los cambios tecnológicos que han tenido lugar bajo el capitalismo y, de hecho, precisamente a causa de ellos.

El desarrollo volátil de las fuerzas productivas de los últimos cincuenta años ha intensificado enormemente la explotación de la fuerza de trabajo. A medida que la explotación ha aumentado, también lo ha hecho la caída de la tasa de ganancias, así como la pobreza a escala mundial para un número cada vez mayor de la clase trabajadora. Nunca antes la imagen profética incluida por Marx y Engels en el Manifiesto de 1848 ha demostrado ser tan verdadera:

La sociedad burguesa moderna con sus relaciones de producción, de intercambio y de propiedad, una sociedad que ha conjurado tales gigantescos medios de producción y de intercambio, es como el hechicero, que ya no es capaz de controlar los poderes del inframundo al que ha llamado por sus hechizos.

El Manifiesto Comunista

Así que, si por un lado el desarrollo tecnológico conduce a la caída de la tasa de beneficio, creando problemas en el proceso de valorización de capital, que es la base de la crisis perenne en la que vivimos, por otro lado tiene como consecuencia directa la intensificación de la explotación, el envenenamiento del mundo, la deforestación, la contaminación, la devastación ambiental de la tierra y los mares (por ejemplo, los "continentes" de plástico esparcidos en los océanos). Esto significa un proceso de extinción masiva de flora y fauna, la liberación de inmensas cantidades de CO2 a la atmósfera que aceleran la emergencia climática y, con ella, los procesos de desertificación, la escasez de agua y la migración forzada de cientos de millones de seres humanos de entornos naturales que, desde los polos hasta el ecuador, se vuelven cada vez menos habitables. Todo esto es un resultado directo del capitalismo, todo esto empeorará mientras el capitalismo siga siendo el modo dominante de producción, sólo se podrá abordar superando la explotación capitalista sea cual sea la forma precisa que adopte.

"El proletariado por sí solo es una clase realmente revolucionaria" (El Manifiesto Comunista), pero sólo cuando actúa en concierto para poner fin a la sociedad de clase y con ella toda explotación y opresión. Esa opresión, ya sea transmitida por modos de producción anteriores o por haber surgido de contradicciones de la sociedad capitalista, que se expresa en todas las formas de dominación social, prejuicios, intolerancia, miseria, esclavitud, degradación y discriminación, es una herramienta útil para que la clase dominante ataque a los más vulnerables de la sociedad (como se ve en los salarios más bajos de las mujeres y los inmigrantes) mientras divide a la clase trabajadora en su conjunto. Esto significa que tenemos que luchar contra todas las formas de opresión, como las fundadas en las relaciones raciales y de género, que debilitan la solidaridad de las clases y mistifican las relaciones capitalistas.

El Capitalismo de Estado

El antagonismo básico entre la naturaleza social del trabajo y la propiedad restringida de la propiedad se mantiene, independientemente de la forma jurídica precisa de la propiedad burguesa de los medios de producción, por un lado, y de la forma cambiante del carácter social del trabajo asalariado, por otro. Mientras que el capitalismo clásico (occidental) se caracterizó en el siglo XIX por la extorsión capitalista individual que extorsionaba el plusvalor directamente de sus trabajadores de fábrica, en el siglo XX esto dio paso a nuevas formas de control capitalista. La propiedad estatal de los medios de producción más importantes no ha alterado su naturaleza capitalista como propiedad del capital financiero, que es la verdadera forma del capital en la era imperialista. El predominio de los monopolios nacionales y multinacionales en forma de sociedades anónimas (que actúan como capital "social") tampoco significa el fin de las contradicciones básicas del capitalismo, sino que las exacerba y extiende dándoles una dimensión internacional. Engels lo reconoció hace mucho tiempo cuando explicó que:

... la transformación del capital en sociedades por acciones (o trust) o en propiedad estatal, no cambia la naturaleza capitalista de las fuerzas productivas. Por lo que respecta a las sociedades por acciones, esto es obvio. El Estado moderno es, por su lado, la organización que se da la burguesía a fin de conservar las condiciones necesarias para el funcionamiento de la producción capitalista contra las insidias o ataques que pueden provenir tanto de los trabajadores como de los capitalistas individuales. El Estado moderno, independientemente de las formas que asume, es esencialmente el Estado de los capitalistas, una máquina al servicio de los capitalistas, la personificación ideal de todo el capital nacional. Así, cuantas más fuerzas productivas quedan bajo su posesión más se convierte en un capitalista nacional real y más explota a los ciudadanos. Los proletarios permanecen en su condición de asalariados y las relaciones sociales típicas del capitalismo no se descomponen.

Anti-Düring

He aquí por qué el sistema social que regía en los países que hace poco tiempo se llamaban "socialistas" no era otra cosa que la afirmación de una forma particular de capitalismo de estado donde el aparato estatal controlaba directamente los medios de producción y detentaba el monopolio sobre el mercado. El derrumbe miserable de la ex-URSS confirma el análisis desarrollado por la izquierda comunista (fundado en la crítica de la economía política, o el marxismo) durante el período que separa a la revolución de octubre del colapso del bloque soviético. La trágica identificación de la propiedad estatal con el socialismo sobre los medios de producción hoy se ha acabado ya que la denominada sociedad soviética ha regresado a las formas organizativas y legales actuales del capitalismo global.

La Epoca Imperialista

La ex-URSS y los países alienados a ella formaban un bloque imperialista. El derrumbe de este bloque ha abierto un nuevo capítulo en la historia del capitalismo mundial, pero este capítulo también hace parte de la historia del capitalismo imperialista. La primera Guerra Mundial, originada por la competencia entre los estados imperialistas, señaló un viraje definitivo en el desarrollo capitalista. Mostró, en efecto, que el proceso de concentración y centralización de capital había llegada a tales proporciones que, desde aquel momento en adelante las crisis cíclicas, que siempre habían sido un fenómeno intrínseco al proceso de acumulación capitalista, serían crisis mundiales resolubles sólo a través de guerras globales. En breve, confirmó que el capitalismo había entrado en una nueva era histórica, la era del imperialismo, en la cual cada estado es parte de un sistema económico global y no puede eludir las leyes económicas que regulan este complejo en su conjunto. Por esto, el imperialismo no es sólo un tipo de política que los estados más poderosos adoptan con respecto a los más débiles, sino un proceso inevitable mediante el cual los tentáculos de los centros industrial y financieramente más desarrollados extraen plusvalor de las áreas periféricas. Este proceso no reconoce fronteras estatales y no comanda lealtades nacionales de la burguesía indígena de las zonas periféricas. Estos últimos forman parte de una clase capitalista internacional y están tan envueltos en las maquinaciones del capital financiero internacional como la burguesía de los tradicionales (y más nuevos) metrópolis capitalistas.

El período actual

El presente período se caracteriza, como ya se ha mencionado, por la crisis estructural más larga y grande de la historia del capitalismo. Aunque siempre funciona, es sólo desde principios de la década de 1970 que se ha sentido fuertemente el efecto de la caída en la tasa de ganancia, como parte de un ciclo infernal del cual el capitalismo mundial muestra que no puede emerger.

La paradoja que está atravesando la sociedad capitalista actual es que, a pesar de un potencial tecnológico que no tiene contraparte en la historia de la humanidad, está produciendo cada vez más, pero a tasas de crecimiento más bajas, con una parte cada vez menor de esta riqueza asignada al "estado del bienestar".

La caída de la tasa de ganancias empuja el capital hacia la especulación a expensas de la inversión productiva. Las frecuentes burbujas bursátiles, las consiguientes crisis financieras, el endeudamiento de las empresas, los estados y las familias han sido y son los efectos más evidentes, junto con la agresión progresiva contra los salarios directos, indirectos y diferidos en todas partes. Las guerras son igualmente características del período actual que, siempre presentes y devastadoras como las crisis económicas que las generan, se han convertido en una característica permanente del capitalismo. Hoy en día, la solución bélica parece ser el medio más importante para resolver el problema de la devaluación del capital (es decir, destruyendo el valor para reconstruir) y la única manera posible de abrir un nuevo ciclo de acumulación, con una concentración cada vez mayor de capital industrial (medios de producción) y la centralización del capital financiero.

Por lo tanto, el Estado sigue endeudado en el inútil intento de detener la crisis por medio de iniciar la producción. Hasta la fecha, la larga sombra del desplome de 2008 continúa extendiendo sus efectos en todo el sistema capitalista en previsión de la próxima crisis mundial, aún más devastadora.

La Social Democracia

La apertura de la época imperialista del capitalismo, con su ciclo infernal de guerra global —reconstrucción— crisis también puso la posibilidad de una forma superior de sociedad (comunismo) en la agenda histórica. Esto se confirmó dramáticamente en octubre de 1917 cuando el proletariado ruso se apoderó del poder como la primera parte de la ola revolucionaria europea y mundial que surgió del derrame de sangre y la devastación de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, la experiencia de este período no confirmó menos dramáticamente la quiebra de la mayoría de los viejos partidos de la Segunda Internacional que no sólo consintió la masacre mutua de proletarios cuando apoyaron a sus "propios" Estados nacionales en la guerra imperialista, sino que también hicieron todo lo posible para reprimir la revolución en nombre del socialismo durante los brotes insurrecticos que pusieron fin a esa guerra.

Por lo tanto, hoy podemos ver que hay una marcada diferencia entre las organizaciones políticas proletarias del período anterior a octubre y las que en el período siguiente. Durante el ascenso y la consolidación del capitalismo como el modo dominante de producción, los movimientos burgueses nacionalistas o en contra de despóticos proporcionaron el marco para la movilización de masas de proletarios europeos que a su vez facilitaron la formación de vastas organizaciones sindicales y partidistas. Dentro de estos órganos, la clase obrera pudo expresar su identidad de clase separada presentando sus propias demandas, aunque en el marco de las relaciones sociales y políticas burguesas existentes. Al mismo tiempo, las teorías revolucionarias de Marx y Engels lograron el reconocimiento y se convirtieron en una parte establecida de la vida política proletaria, a pesar de que las fuerzas socialdemócratas dominantes nunca actuaron de acuerdo con los preceptos políticos del marxismo. Para estos partidos socialistas la revolución que Marx había previsto seguía siendo un objetivo lejano que se lograría algún día en el futuro por medios no especificados. El socialismo siguió siendo el "futuro glorioso" por el que teóricamente estaban luchando, pero en la práctica el objetivo estratégico que definió sus tácticas se convirtió, en lugar del asalto al poder, sino cada vez más en las elecciones parlamentarias, el día de ocho horas, la libertad de organización, etc.

Con la identificación de la socialdemocracia con el imperialismo en 1914, el movimiento de la clase trabajadora llegó a un punto de inflexión decisivo. Esto dio lugar a la separación completa de los comunistas de las fuerzas falsas del reformismo que, a través de la Segunda Internacional (1889-1914), habían dominado el movimiento de masas. La fundación de la Tercera Internacional, proclamando la apertura de la era de la revolución proletaria mundial, marcó la victoria de los principios originales del marxismo. La actividad comunista se dirigía ahora únicamente al derrocamiento del estado capitalista con el fin de crear las condiciones para la construcción de una nueva sociedad.

La época del imperialismo es la era de la naturaleza universal de la dominación capitalista y esto exige una estrategia revolucionaria más directa y universal. La revolución proletaria y la instalación de la dictadura del proletariado son los principios básicos de la Internacional. Las diferencias en situaciones específicas, o más precisamente la diversidad de formas sociales y políticas de dominación burguesa en todo el mundo exigen diferentes enfoques tácticos. Sin embargo, las tácticas de la organización internacional del proletariado siempre se definirán sobre la base de su programa revolucionario universal. La era de las luchas democráticas terminó hace mucho tiempo y no pueden repetirse en la época imperialista actual.

Parlamento

Los comunistas no tienen ilusiones de que la libertad de los trabajadores se pueda ganar mediante la elección de una mayoría en el parlamento. En primer lugar, es una ilusión de "cretinismo parlamentario" (El dieciocho brumario de Luis Bonaparte - Marx) creer que la clase dominante se quedaría pacíficamente de brazos cruzados mientras legislamos para introducir el socialismo. La democracia parlamentaria es sólo la hoja de higo para disfrazar la dictadura de la clase capitalista. Los verdaderos órganos de poder en la sociedad capitalista democrática se encuentran fuera del Parlamento con la burocracia estatal, sus fuerzas de seguridad y los controladores de los medios de producción. El Parlamento es útil para la burguesía, ya que da la ilusión de que los trabajadores eligen quién va a desgobernarlos. Por eso, los revolucionarios se oponen a las elecciones parlamentarias al pedir que los trabajadores luchen en su propio terreno de clase. Corresponde al Partido revolucionario demostrar que sólo a través de la destrucción del capitalismo y sus órganos estatales es posible que la clase trabajadora asegure una completa libertad de expresión y organización. Esto tomará la forma de consejos de trabajadores en los que los delegados no serán simplemente elegidos por los trabajadores, sino que serán recordables por ellos. Una vez que hayan llevado a cabo la represión de las relaciones capitalistas, los consejos habrán abolido las clases y por lo tanto cualquier necesidad del Estado. Así, se transformarán de un organismo con funciones semiestatales en un mero administrador de la economía. Esto es a lo que nos referimos cuando hablamos de "la gradual extinción del estado de la dictadura del proletariado".

Los Sindicatos

Los sindicatos son órganos de mediación entre el trabajo y el capital. Surgieron como negociadores de las condiciones de venta de la fuerza de trabajo de los obreros. No son, y nunca han sido, instrumentos útiles para el derrocamiento del capitalismo. En la era imperialista, los sindicatos, independientemente de su composición social, son organizaciones que trabajan por la preservación del capitalismo, especialmente en los momentos más cruciales en los que está amenazado. Sindicatos " de base", que dicen ser una alternativa radical, y que casi siempre surgen en oposición a los sindicatos oficiales, terminan como armas desfiladas porque también forman parte de una lógica contractual, a menudo en conflicto entre sí, dividiendo así la clase. Incapaces de escapar de esta lógica de negociación para apoyar la lucha de clases revolucionaria, inevitablemente terminan como una barrera para la propagación de la lucha proletaria y, sobre todo, para la maduración de la conciencia política y una organización revolucionaria y anticapitalista. De esto se deduce que es imposible para los revolucionarios conquistar los sindicatos o transformarlos en órganos para la revolución. En todas partes, la revolución proletaria tendrá que luchar contra los sindicatos, ya que serán bastiones de la contrarrevolución.

La experiencia de la última ola revolucionaria, y la contrarrevolución que siguió, dejó absolutamente claro a los marxistas revolucionarios que el sindicato no es, ni puede ser, el órgano de lucha masiva en el que la minoría política de la clase (el Partido) trabaja para transmitir su programa y eslóganes a la clase trabajadora en su conjunto. Estos órganos de masas, que la teoría comunista ha entendido tradicionalmente como órganos de lucha y poder, aparecen en situaciones de lucha de clases creciente. Históricamente han aparecido en la forma de la comuna o soviet (consejo). Así como los comunistas sólo pueden alcanzar una posición de liderazgo político en situaciones excepcionales, así —y debido a esto— los órganos de masas que la clase obrera crea, y que hacen posible el liderazgo comunista, nacen sólo en períodos de lucha creciente.

Sin embargo, fuera de tales situaciones el Partido tiene que desarrollar su trabajo de liderazgo político y desarrollo de la guardia avanzada de la clase. Es el deber permanente de los comunistas participar en las luchas de los trabajadores, estimularlos y señalar el camino a seguir. La posibilidad del desarrollo favorable de las luchas, del nivel inmediato desde el que se surgen a la arena más amplia de una lucha política contra el capital, depende de la presencia activa de comunistas dentro de los lugares de trabajo. Es tarea de la organización comunista encontrar un medio para organizar a los trabajadores más conscientes en el lugar de trabajo, no para la actividad sindical, sino como un vínculo directo entre el Partido y la amplia masa de la clase obrera.

Las Luchas de Liberación Nacional

La Primera Guerra Imperialista en 1914 puso fin a la era de la historia cuando la liberación nacional era progresiva para el mundo capitalista. El carácter global del capitalismo en la época imperialista significa que la aparente diversidad de formaciones sociales en el mundo no es el reflejo de una variedad de diferentes modos de producción. Por lo tanto, no es necesario que el proletariado adopte diferentes estrategias para la acción revolucionaria en diferentes partes del mundo. La obra de Marx ya había hecho una distinción entre el modo de producción y las formaciones sociales más o menos correspondientes a ella. La experiencia histórica de la sociedad de clase confirma que formaciones sociales diferentes, producto de diferentes historias, pueden existir bajo el modo capitalista de producción, pero todas están dominadas por el imperialismo, que hace uso de las diferencias nacionales, étnicas y culturales para mantener su propia existencia. Así como los estratos sociales y las tradiciones difieren en varias regiones y países, así como la forma en que la burguesía domina políticamente. Sin embargo, en todos los casos el verdadero poder que representan es el mismo: el del capitalismo. Cualquier idea de que la cuestión nacional sigue abierta en algunas regiones del mundo y de que, por lo tanto, el proletariado puede relegar su propia estrategia y tácticas revolucionarias a un fondo en favor de una alianza con la burguesía nacional (o peor aún con uno de los frentes imperialistas) tiene que ser absolutamente rechazada. Sólo cuando el proletariado se una para defender sus propios intereses de clase se socavará la base de todas las opresiones nacionales y la organización revolucionaria rechaza todos los intentos de impedir la solidaridad de clase por ideologías de separación religiosa, racial o cultural.

Revolución y contrarrevolución

La derrota del movimiento revolucionario europeo y la naturaleza de la contrarrevolución en Rusia plantearon problemas para los marxistas revolucionarios mientras trataban de entender las lecciones de toda la experiencia en el período hasta la Segunda Guerra Mundial. El proceso contrarrevolucionario se reflejó en la Tercera Internacional con la imposición de la necesidad de defender al Estado ruso y sus partidos constituyentes y, al mismo tiempo, el retroceso de esos partidos hacia la estrategia y tácticas socialdemócratas. Este proceso de degeneración fue seguido por Trotsky y sus acólitos durante los años treinta, como lo demuestra la política de entryismo de Trotsky en los partidos socialdemócratas y laborales (el llamado "giro francés"). Esto, y el apoyo del trotskismo a las ambiciones imperialistas de la URSS, acabaron con el trotskismo como una corriente potencialmente revolucionaria. Extraer las lecciones de la derrota era una tarea para otros. A pesar de la postura prorrusa de los Partidos Comunistas ya estalinizados, y la gradual extinción de la gran experiencia bolchevique en el suelo del capitalismo de Estado, las lecciones extraídas por la Izquierda Comunista sobre el carácter imperialista y capitalista del Estado ruso impidieron que el programa comunista desapareciera por completo con esa experiencia. Esto significó que incluso durante la segunda guerra imperialista un Partido independiente de la clase obrera podría surgir con la formación del Partido Comunista Internacionalista en Italia en 1943.

La Degeneración de la Revolución Rusa y el Comintern

El proceso revolucionario que comenzó con la victoria de octubre en Rusia terminó cuando el Estado ruso se volvió en sí mismo en defensa de sus fundamentos económicos capitalistas. Esto fue el resultado del aislamiento de la Rusia soviética y la derrota de las olas de lucha proletaria en los principales países europeos. Esta experiencia ha demostrado para los marxistas de una vez por todas que el socialismo en un solo país es imposible. Ningún estado socialista o revolucionario puede existir fuera de un verdadero proceso revolucionario internacional. Esto no quiere decir que cuando una insurrección proletaria haya tenido éxito en un país en particular, no pueda expresar un poder proletario real. Sin embargo, significa que, a menos que los movimientos revolucionarios de otros lugares tengan éxito y abran la posibilidad concreta de comenzar la construcción de nuevas relaciones sociales, será imposible que ese poder en ciernes aguante.

En la segunda mitad de los años veinte, el Comintern estaba totalmente dominado por el Partido ruso, y ya no era un medio centralizado para perseguir las necesidades estratégicas y tácticas de la clase trabajadora internacional. Lo que quedó del potencial de revolución en Europa y en China se vio socavado por las políticas de Comintern que ahora estaban subordinadas a la necesidad del Estado [CPSU] de autopreservación. En la propia URSS, la ruptura del proceso revolucionario condujo al fortalecimiento de una dictadura de clase anti-trabajadora bajo Stalin basada en relaciones sociales capitalistas. El desarrollo de un régimen de este tipo en un país tan grande como la URSS significó su reaparición como una gran potencia imperialista. Fue con este carácter que el Estado estalinista y los diversos Partidos nacional-comunistas participaron, primero en la guerra en España, luego en la Segunda Guerra Mundial. Después de la Segunda Guerra Mundial, los países de Europa del Este fueron tomados por el imperialismo ruso y adoptaron el modelo capitalista estatal estalinista. El fracaso de la perestroika y el colapso de este bloque no fue la señal de que un "estado de los trabajadores" finalmente había completado su degeneración, sino evidencia de la magnitud de la crisis capitalista en la "superpotencia" más débil.

China

En China, un proceso diferente dio lugar al mismo resultado: un régimen capitalista estatal que, aún hoy sigue buscando su "verdadero" papel dentro del sistema de alianzas internacionales del imperialismo. La diferencia esencial en la historia china es que nunca ha tenido una revolución proletaria para comparar con el octubre ruso de 1917. La historia del actual régimen chino comienza con la trágica derrota del movimiento proletario en Cantón y Shanghai en 1927. Esto fue seguido por una guerra nacional llevada a cabo por un bloque de clases en el que el campesinado actuó como las tropas de choque. Terminó con el establecimiento de un régimen bajo los auspicios estalinistas y basado en el mismo tipo de relaciones capitalistas estatales altamente centralizadas.

Este régimen, que se separó de la esfera de influencia rusa en los años sesenta bajo la bandera del neoestalinismo, se encontró dirigiéndose a los Estados Unidos en la década de 1970. Ambos movimientos aparentemente contradictorios surgieron de los intentos de mantener el control de la economía y fomentar la acumulación de capital. En ningún momento China ha sido un poder proletario y la ideología del maoísmo no era más que el medio para arrastrar a las masas para sacrificar sus intereses en beneficio del capital nacional.

Partido, Estado y Clase — la Lección de la Contrarrevolución

Estas experiencias de la contrarrevolución obligan a los revolucionarios a profundizar su comprensión de los problemas de la relación entre estado, partido y clase. Si bien el papel desempeñado por el antiguo partido revolucionario en la contrarrevolución rusa ha llevado a muchos aspirantes a revolucionarios a rechazar por completo la idea de un partido de clase, la cuestión no es tan simple. El partido de clase es indispensable para la lucha revolucionaria del proletariado por la misma razón de que es la expresión política y organizada de la conciencia de clase. Contiene la parte políticamente más avanzada de la clase obrera organizada para defender el programa de emancipación de todo el proletariado y dirigir a toda la clase hacia el derrocamiento del capitalismo. Por definición, el partido revolucionario siempre será una minoría del proletariado y, sin embargo, el programa comunista que defiende sólo puede ser implementado por la clase obrera en su conjunto. Durante la revolución, el partido tratará de tomar el liderazgo político presentando su programa en los órganos de masas de la clase obrera. Así como la conciencia revolucionaria sin un partido es impensable, la lección de la experiencia rusa es que incluso el partido más consciente de la clase no puede mantener una revolución aislada de los soviets (u órganos de masa similares de la clase obrera). Los soviets son la expresión del poder político de la clase trabajadora (la dictadura del proletariado) y su declive y marginación de la vida política en Rusia simbolizaba el estrangulamiento del estado soviético en ciernes por la contrarrevolución capitalista. El poder que permanecía en manos de los comisarios bolcheviques cuando se aislaron de una clase obrera agotada y diezmada era el poder de un estado capitalista. En la futura revolución mundial, el partido internacional debe aspirar a liderar el movimiento revolucionario exclusivamente a través de los órganos de clase de masas que alienta a formarse. Sin embargo, no hay garantías formales de victoria y el partido revolucionario no puede atar sus manos con antelación levantando barreras mecánicas basadas en el miedo de la derrota. Ni el partido ni los soviets son en sí mismos seguros contra la contrarrevolución. La única garantía real de la victoria es la conciencia de clase de las propias masas trabajadoras y la continua extensión de la revolución internacional.

La Internacional Revolucionaria

La Internacional —o las organizaciones políticas que la preceden— comprende la parte más consciente del proletariado que se organiza para defender el programa de emancipación de toda la clase obrera. Utilizando las herramientas del marxismo, se basa en las lecciones políticas de la experiencia histórica de la clase con el fin de elaborar este programa y definir una estrategia y tácticas coherentes con él. El partido mundial del futuro tendrá la tarea de apartar a las masas de la influencia reaccionaria de las diversas tendencias contrarrevolucionarias y nacionalistas divisivas que influyen la clase obrera. Cuando las masas trabajadoras —bajo la presión de las contradicciones materiales de la crisis global del capitalismo— aparezcan una vez más en la escena histórica en crisis con sus explotadores, el partido encontrará las condiciones para llevar a cabo plenamente su tarea principal. Esto es conquistar a las masas del programa comunista y ganar el liderazgo político de la lucha con el fin de conducirla hacia el derrocamiento revolucionario del estado capitalista.

La revolución, por lo tanto, sólo tendrá éxito si la organización revolucionaria —la internacional ubicada al frente de la clase— está adecuadamente desarrollada y preparada para su propio ataque frontal contra los enemigos políticos del programa revolucionario. Por lo tanto, rechazamos los esquemas que relegan el nacimiento del partido hasta el momento mismo de la revolución misma o que limitan sus tareas a la propaganda y simplemente a la "predicación" de la revolución.

A pesar de la responsabilidad de las fuerzas políticas proletarias de organizar ahora las circunstancias en las que se encuentran imponen severas limitaciones a su capacidad de influir en las masas amplias. A lo largo de la época imperialista, la dominación burguesa sobre la sociedad se ha refinado y extendido hasta que ha abarcado casi todos los aspectos de la vida. Junto con las formas más extremas de concentración de los medios de producción en manos del capital financiero imperialista, la dominación política e ideológica de la burguesía no tiene parangón. Lo que Marx declaró hace más de un siglo es más cierto que nunca hoy:

En todo período las ideas de clase dominante son las ideas dominantes, la clase que representa la fuerza dominante desde el punto de vista material, es también la fuerza dominante sobre el plano intelectual. La clase que detenta el control de los medios de producción material controla, al mismo tiempo, los medios de 'producción culturales', con la consecuencia de que las ideas de todos aquellos que no tienen a su disposición medios de producción culturales se limitan a tomar pasivamente o simplemente copian las ideas de quienes, en cambio, tienen el control de tales medios. Las ideas dominantes no son más que la expresión cultural de las relaciones materiales dominantes y de las relaciones sociales que hacen de una clase la clase dominante; no son, por tanto, más que la justificación de su dominio.

La Ideología Alemana

En condiciones de paz social, y especialmente en los centros imperialistas donde la dominación de la burguesía es más extensa y avanzada, esto significa que el proletariado está sujeto a todo el peso de la ideología y las organizaciones burguesas. Esto, a su vez, impone una marcada separación entre el proletariado en su conjunto y la expresión política de su lucha histórica: el partido comunista. Son períodos de crisis económica y social los que pueden conducir a una ruptura de la situación ideológica y política de la burguesía. Hasta entonces, el programa revolucionario y las organizaciones políticas representadas por él existirán en condiciones de separación forzada de la clase. Es una separación que no puede superarse simplemente por un acto de voluntad o por simples medios organizativos.

Sin embargo, el ciclo de acumulación que comenzó después de la Segunda Guerra Mundial está llegando a su fin. Hace tiempo que el auge de la posguerra ha dado paso a la crisis económica mundial. Una vez más, la cuestión de la guerra imperialista o la revolución proletaria se está colocando en la agenda histórica e impone a los revolucionarios de todo el mundo la necesidad de cerrar filas. En la época del capitalismo monopólico global ningún país puede escapar de las fuerzas que impulsan el capitalismo a la guerra. El impulso ineluctable del capitalismo hacia la guerra se expresa hoy en el ataque universal a las condiciones de trabajo y de vida del proletariado. Por lo tanto, existen las condiciones materiales para una lucha proletaria internacional contra sus explotadores. La necesidad y la posibilidad de una revolución comunista también existen. Lo que está ausente es la Internacional Revolucionaria para prepararse para tal lucha.

Los puntos anteriores muestran que es hora de trabajar activamente para la construcción del Partido Revolucionario Internacional. La tarea de combatir la sujeción política de la clase obrera a las fuerzas de reacción y guerra debe desarrollarse con la mayor eficacia de la que permiten las escasas fuerzas de los revolucionarios. Esto exige su organización y centralización a escala internacional. El proceso de pasar de las luchas fragmentarias de las fuerzas revolucionarias de hoy en todo el mundo a las batallas políticas y militares del Partido Revolucionario Internacional de mañana exige el máximo esfuerzo de los comunistas para asegurar la homogeneización política y atraer nuevos miembros.

La formación del Partido Internacional del Proletariado se producirá a través de la disolución de las diversas organizaciones "nacionales" o regionales que han trabajado juntas y están de acuerdo sobre la plataforma y el programa para la revolución. El objetivo de la TCI es ser el centro de coordinación y unificación de estas organizaciones. Sus estatutos proporcionarán la base para la homogeneización organizativa que, en última su momento, dará lugar a la disolución de los organismos afiliados individuales y su centralización en una estructura genuinamente internacional. Entonces, la TCI habrá completado la tarea que se ha planteado.

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Febrero 2020
Friday, June 12, 2020